domingo, 2 de febrero de 2014

El timo yanki totxo

Dos grandes estrenos dos procedentes de los Esteits han hecho su aparición este mes en nuestras pantallas: Er lobo de Wall Street, documental sobre la vida cotidiana de un agente de bolsa cualquiera, y La gran estafa americana, exacta y literal traducción de American Hustle.

Dos peazos de reparto y dos sets de grandes actuaciones y personajes memorables. Tal vez por haber recibido menos publicidad y resultar menos pretenciosa un servidor se queda con la gran estafa. Bueno, y por el mensaje.

¿Mensaje? Sí, como lo oyen: más allá del espectáculo visual e interpretativo, ambas películas tienen algo que decirles a los hombres de hoy.

En el caso del lobo: ser agente de bolsa es un chollo que lo flipas y te permitirá conducir cochazos, follarte a todo lo que se ponga a tiro y meterte de tó lo más xungo tol santo día. A buen seguro que no pocos jóvenes habrán quedado tan deslumbrados tras las tres horas de rayas, tripis, ferraris y tías en bolas que habrán corrido a matricularse en la facultad de ADE más cercana.

Acho pos yo soy d'er Puntá'
El mensaje que nos transmite LGEA/AH por boca de un judío timador tripudo, calvo y con síndrome de Shostakovich, magistralmente interpretado por Christian Bale, es más complejo: tal vez sea aceptable luchar contra la corrupción a pequeña escala, pero sobrepasar ciertos límites es arriesgado además de inútil. A fin de cuentas son los escamoteos de aquellos individuos poderosos que ocupan el escalón más alto de la escala trófica lo que hace prosperar a las sociedades. Querer ir a por ellos a toda costa es un síntoma tanto de infantilismo como de manías de grandeza, y el el que sucumba al uno y a las otras habrá forzosamente de acabar mal. Y no sólo el: lo peor es que acarreará problemas a gente que a lo mejor no son lo más sofisticado del mundo pero que no dejan de ser buenos tipos que sólo quieren lo mejor para los suyos. Para su gente. Para su pueblo.

Así, el error del alcalde de Camden no es tanto pretender resolver los problemas de desempleo de su comunidad mediante un esquema de crecimiento basado en el juego y el vicio, sino aceptar un maletín que, para más inri, no desvía a ninguna cuenta suiza sino que vuelca en la renovación de uno de los casinos que pretenden reabrir para que el pueblo vuelva a la vidilla.

El poble m'absoldrà !
Aunque todas las actuaciones son excelentes hay puntos que les chocarán a los espanis espectadores sí o sí. De entrada el prota indiscutible, Irving Rosenfeld. ¿Qué puede empujarle a liarse con una cuarentona con patas de gallo cuando tiene en su casa a una choni veinte años más joven, pechugona, ignorante y chabacana? ¡Si es el sueño de todo hombre! ¿Que la otra es inteligente y sofisticada? ¡Venga ya!

La cosa no acaba ahí: hay un momento alucinante, que uno observa con los ojos como platos, sin entender nada y pensando que el director está tan loco como si hubiera mezclado las fallas con la semana santa sevillana, por poner un ejemplo. Resulta que Rosenfeld y el alcalde de Camden quedan para cenar y hablar de negocios y... se llevan a su respectivas mujeres. Como suena. ¿Que cómo se las apañan para irse de putas luego y cerrar el trato? Éso es lo más increíble de todo. ¡No se van!

Entiendo que se sientan como si les hubiera desaparecido el suelo bajo los pies y ahora estuvieran flotando en el hiperespacio. Mas no se preocupen: este pequeño detalle no les impedirá disfrutar una película llena de momentazos y de gente de clase más o menos baja fumando como carreteros.