lunes, 19 de mayo de 2014

Toma del frasco Cдяядsco (II)

1. Así se hizo + las tomas falsas

En una pasarela estrecha sobre un río, a las cinco de la tarde, a plena luz del día. No ha trascendido si usaron silenciador o no. A la vista de cualquiera que estuviera por allí, como efectivamente fue el caso. ¿Y la huida? En su propio Mercedes. No, si es que venimos de la pastelería no sé cuál. ¡Pero si hoy está cerrada! Si está pensando lo que yo imagino que está pensando no se equivoca, querido lector: una chapuza de principio a fin, por más que no les temblara el pulso a la hora de apretar el gatillo. Una frialdad sorprendente en alguien que no está acostumbrado a matar, a decir de los criminólogos citados en la prensa. Ya. Mucha frialdad y mucha retroalimentación de odio en una espiral que no sé qué, pero Pepe Gotera y Otilio siempre presentes.

Al que pintó ésto lo andan buscando y le va a caer la del pulpo. ¡Asesino!
La pistola se la compran a un yonki; en el piso de la mamá cabreada encuentran kilo y medio de marihuana. ¡La dictadura del lumpenproletariat! O no exactamente: las montses son unas pijas peperas que contemplan con horror un posible descenso a los infiernos, a saber: el hundimiento social que acompañaría a la ejecución de una orden de embargo sobre su vivienda. Su vida es una mierda porque la cacique acaparadora y rencorosa a la que habían fiado su ascenso a una clase superior no sólo se niega a enchufar a su hija, sino que encima les reclama una cantidad descomunal de dinero ¡sin tan siquiera darles la oportunidad de pagarlo en cómodos plazos! Como resultado de ello están en peligro de perder su casa —como un afectado por la hipoteca de ésos, ¡qué horror!— y éso sí que no. Ninguna persona humana pasaría por ahí. ¿Había o no había pa matal·la, señor juez?

Ídem
En comisaría se niegan a declarar y de nuevo hacen gala de una frialdad que es lo más de lo más. Gélida. Hasta que aparece una policía local a entregar el arma del crimen —el papel de esta mujer todavía no está claro— y entonces la madre se desmorona y lo confiesa todo, todo.


2. La subnormalidad es el mensaje

En los medios lo flipan. En uno en concreto opinan que la pasarela sobre el Bernesga, al ser estrecha, es un lugar idóneo para una emboscada. El crimen se ha ejecutado con una profesionalidad de la ostia. Que la gente pasee tranquilamente por las márgenes del río y sean las cinco de la tarde es un detalle sin importancia. ¡Las asesinas son unas depredadoras natas, algo así como el lobo de wst pero con menos presupuesto para coches y drogas!

No obstante no son las circunstancias del crimen, ni tampoco el carácter o las motivaciones de quienes lo han perpetrado, lo que se la pone dura a los columnistas de guardia: son las reacciones al asesinato. En los comentarios a las noticias de los diarios online y sobre todo en las redes sociales. Lo suyo es una reacción a la reacción. Y bastante reaccionaria. Resulta que hay gente que, como está harta de que no haya día del año que no vengan uno o varios mastuerzos de la misma subcalaña que la difunta a mearse en su cara, van y se alegran. ¡Serán cabrones!

La primera disposición es cerrar los comentarios a las noticias sobre el caso; la segunda, empezar a disparar con pólvora gruesa, cuanto más mejor. Así, el que no sienta la menor tristeza por la muerte de la devoradora de cargos es, dependiendo de a quién se le pregunte, un maleducado, un asesino, una bestia inhumana, un cobarde. La última, cortesía del ex-presidente de Extremadura y capacitadísimo profesor de francés, como quedó patente en aquella entrevista con Wyoming, es especialmente deliciosa, porque se puede leer como «los que ahora van abriendo la boca son unos cagaos, lo que tenían que haber hecho es pegarle un tiro ellos mismos».

Con viñetas como ésta Ibañez inculcó en no pocos jóvenes el desprecio por la vida humana. ¡Asesino!
Tanto Ibarra como Zarzalejos tiran de Montaigne para darse aires de erudición. Los buscadores de citas hacen milagros. Zarzalejos incluso se toma la molestia de encargarle a alguien que busque en la edición de Acantilado de sus ensayos en qué página sale la frase de marras. Ridículo, aunque al menos evitan caer en el mesianismo pedrojotiano —con su transmutación en Zola a cuenta del 11M todavía nos estamos riendo.

Soto Ivars e Ignacio Escolar dicen que es de mala educación alegrarse de la muerte de alguien. Vaya hombre. El buenazo de Sostres estará consternado. O no tanto: a poco que su capacidad para doblepensar se equipare a la que ya ha demostrado en el noble arte de la manipulación saldrá de ésta con un ensordecedor pero hombre, ¿no ve que ésto es distinto?

Yo en cambio creo que fingir que uno no se alegra cuando realmente se está partiendo la caja por dentro —cuando no corriéndose del gustazo— constituye un delito peor. Se llama hipocresía. Y además insostenible. Porque si por alegrarme de la muerte de Cдяядsco soy un maleducado, todos los que se alegraron cuando la palmaron Melitón Manzanas, Carrero Blanco o el tío Paco también lo son, ¿no? Y quien dice el tío Paco dice el tío Pepe. Y quien dice el tío Pepe dice...

De todas las reacciones a las reacciones me quedo con las que siguen la estela del gran Sostres; que hayan intentado —y, a los ojos de ese treinta y pico por ciento de la población que siempre vota como dios manda, conseguido— hacer colar un ajuste de cuentas en las filas del Partido de los Triunfadores como resultado de la hiperjustificada rabia de aquellos que llevan siete años pagando los platos rotos es un logro sensacional, un hito en la historia de la subnormalidad.


3. La ira de los injustos / ¡ay de los tuiteros!

Abre la veda el portavoz del Partido de los Triunfadores en el congreso: «hay alguna red social que se está convirtiendo en un lugar muy poco recomendable». ¿Se refiere a la costumbre, tan arraigada en las All Stars del establishment, de usarlo para pegarse tiros en el pie al más puro & sociopath Froilán style? ¡No! Alude a gente malvada, argentina, que ante la muerte de una cacique corrupta, en lugar de darse cuenta de que así la vida carece de sentido y buscar con manos trémulas los barbitúricos para abandonar este mundo cruel etc ¡se deskojona!

La policía nacional no tarda en anunciar que perseguirá de oficio los insultos y las manifestaciones denigrantes en las redes sociales. ¡Señor sí señor! Como sin dudarlo hicieron en su día contra los que insultaron a Julio Medem, amenazaron a Pilar Manjón o celebraron la muerte del tendero pamplonica que se había negado a colgar en su tienda un crespón contra ETA. Vaya ke sí.

Google y Levenshtein confabulados para hacer apología del asesinato
Hace ya un montón de años que un profesor de lengua nos refirió, a mis compañeros de clase y a mí, una bella historia que ilustraba los misterios del lenguaje: en una tapia alguien había pintado que hay que matar al cerdo de Carrillo. Cabe esperar que los tropecientos cuerpos policiales del reyno de Espéin se pusieran a buscar a los autores de la pintada como locos. ¡Menuda amenaza latente, menuda espada de Damocles sobre su cabeza! Ajenos a todo ésto, alguien con más sentido del humor y del pragmatismo había contrapintado: ten cuidado Carrillo, que te quieren matar al cerdo.

Pasan las horas, las detenciones se suceden, el ministro de inJusticia propone regular el  uso de las redes para que nadie pueda hacer comentarios hirientes contra el PP y sus miembros. En otras palabras: alegrarse por las desgracias ajenas, por muy merecidas que fueran, ya no es mala educación; es un delito que se paga con cárcel.

¿Y la utilidad de todo ésto? Aparte de distraer al personal de lo que realmente importa y motivar al votante pepero, más bien poca. Porque el Estado puede utilizar su monopolio de la violencia para impedir manifestaciones de alegría lógica y legítima, qué duda cabe. Lo que no puede impedir es que en las filas del Partido de los Triunfadores y en las redes clientelares se desate la violencia ante las dificultades crecientes para trincar —fruto no ya de la acción de la justicia, sino del aumento desorbitado de candidatos a vivir del cuento.


4. Executive Summary

  • no estamos ante un crimen cometido con el fin de imponer una cierta accountability a cargos públicos que, como fruto de leyes sabiamente perpetradas y la docilidad de la clase judicial, disfrutan de una impunidad total
  • no estamos ante un acto de desesperación de un violento antisystema piojoso perroflauta que no vota PP
  • por lo que respecta a los ciudadanos no subnormales, pueden desde luego atemorizarnos u obligarnos a callar, pero el placer ocasional de atiborrarnos de palomitas mientras vemos cómo los de la castuza se matan ellos, éso no nos lo quita nadie
  • si de verdad les preocupa el desprestigio de la clase política blablablá aquí va una serie de recomendaciones gratuitas que pueden seguir para mejorar su imagen
  1. No roben, no peguen mordidas, no cobren comisiones, no se abran cuentas en Suiza.
  2. No acumulen salarios públicos con sus correspendientes dietas.
  3. Si lo hacen, al menos no acusen a los demás de vivir de mamandurrias.
  4. Cuando dejen el cargo no acepten esas tentadoras ofertas del consejo de administración de Iberdrola: búsquense un trabajo de verdad, como conducir un autobús o reponer estanterías de un supermercado, y enterense de cómo es la puta vida en esta maravillosa sociedad que ustedes contribuyen a crear.
  5. Si todo lo demás falla, clávense un machete en las tripas y agonicen durante horas. La sociedad y los peperos que vienen detrás a ver si pillan algún puesto se lo agradecerán.

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