miércoles, 4 de junio de 2014

El triunfo de la voluntad

Ahí lo tienen. Mírenlo y admírenlo: he aquí a un idealista puro, incorruptible, radikal. ¿Hala síiii? ¿En su socialismo? ¿En su republicanismo? ¿En su compromiso con los más desfavorecidos? No hombre no: en su servidumbre al Poder.


Había muchas posibilidades. Así a bote pronto podía haber amagado un poco con lo de que los ciudadanos deben hablar. Llevarle un poco la contraria al peperismo juancarlista para luego acabar con que estos hijos de puta son demasiado fuertes, no podemos hacer nada contra ellos no habría costado nada. Exigir un referéndum para luego pedir el sí —rememorando así uno de los greatest hits del partido— también habría estado muy bonito.

Pero no, Rubi es un tío íntegro. ¡Nada de compromisos, prou de renúncies mediocres! Cuando uno está por el Poder está por el Poder y punto. Monarquía sí, ciudadanía no. Aunque ello suponga firmar la sentencia de muerte de su partido mongólico. Es el idealismo suicida.

Todos los no-subnormales queríamos cobrarnos las dos piezas —puta monarquía y puto psoe—. Gracias a Rubi no va a poder ser. La destrucción absoluta del psoe será nuestro premio de consolación.

PS: tomen nota de todos ellos. De todos los cincuentones palilleros que se han puesto gochos a alabar a la puta casa real, al puto rey y al puto príncipe, desde Cercas a Zarzalejos pasando por Nadal. En los medios y fuera de ellos. El systema tiene sus uips, sus abogados del Estado y sus ediciones en papel impreso. Nosotros —los no-subnormales— tenemos la memoria. Y la próxima vez que alguno nos venga con eh colega, cómete esta mierda que he preparado para ti la respuesta será ¡no, gracias!

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