sábado, 23 de agosto de 2014

La vida en los tiempos de la hegemonía pepera

En algún sitio poco recomendable he podido ver, hace no mucho, el mapa del poder municipal del PP, con los resultados obtenidos en las elecciones del 2011. Helo aquí:


Nada nuevo bajo el sol: el poder absoluto del PP lleva unos veinte años expandiéndose por esa placa de Petri conocida como reyno de Espéin y lo extraño, en todo caso, es que a estas alturas del proceso de globalización liberal-subnormal todavía no haya conseguido zampárselo todo.

Aun así el mapa de marras no deja de deparar ciertas sorpresas. Sin ir más lejos llama la atención que en una ciudad tan de gente de bien como Pucela el PP sólo sacara un mísero 50,4%. ¡Pero por favor, si hasta los incivilizados extremeños y andaluces —sólo tres provincias rebeldes se resisten en esta última comunidad a abrirse de patas ante el Poder Pepero— sacan porcentajes más elevados! ¿Qué fue de la mítica, legendaria superioridad castellana? ¿Eh, eh?

Cabe preguntarse cómo es la vida en una ciudad a medida que varía la devoción pepera. Por suerte o por desgracia he tenido ocasión de vivir en ciudades con porcentajes de peperismo muy variables y creo que puedo dar una respuesta:
  • la vida es muy tranquila en aquellos municipios donde el PP está a un nivel sólo ligeramente por encima del de formaciones marginales y sin sentido en la nueva era global —las no-subnormales, básicamente—, digamos un 20% o menos; uno puede relajar los reflejos que de forma natural le impulsan a ocultar su no-peperismo e incluso puede permitirse algún exabrupto antipepero de vez en cuando. La gente en general es afable y la tensión ambiental baja. En las ocasiones sociales es posible hablar de temas delicados como la corrupción y los recortes sin tomar demasiadas precauciones.
  • la tranquilidad también es la norma allí donde el porcentaje de población que ha sucumbido a los cantos de sirena de policía del PP supera con holgura el 50%; con esos valores llega un momento en que se asume sabiamente que todo el mundo es del PP y deja de tener sentido buscar no-peperos a los que increpar e insultar para que se conviertan los muy hijos de puta. En las conversaciones raramente saldrán temas abstrusos como la corrupción urbanística, los deméritos de la konxtruxión o la conveniencia de recortar en camas de hospital para rescatar bancos, siendo éstas como son construcciones argumentales propias de rencorosos antiespañoles. Mas, si salieran, basta con decir que sí a todo y recordar que la culpa es del Zorro. Oh sí.
  • lo jodido es ir a parar a un sitio donde el Poder Pepero todavía no se ha establecido completamente y por tanto está en lucha. En estas circunstancias todo el mundo sospecha de todo el mundo, y con razón: ¿y si este tío que está hablando conmigo tan amigablemente resulta que no es del PP? ¿Eh, eh? Incluso observaciones inocentes como huy, éso de sólo dejarse ver en una tele de plasma juraría que sale en 1984 bastan para desatar violentas disputas en las barras de los bares y en las mesas de los hogares.

Resulta curioso ver cómo a menudo ni los peperos ni los antipeperos ni los sesudos analistas de las tertulias radiofónicas y los periódicos comprenden la verdadera naturaleza del Poder Pepero. Sirva como muestra este artículo recientemente aparecido en El Diario:

Ahora bien, esas mujeres [que ocupan cargos en el PP pucelano] que prefieren el silencio recuerdan que Francisco Javier León de la Riva lleva 20 años ganando elecciones. Y por mayoría absoluta. "Esto hace que nadie" del PP "se atreva a quitarlo".

La causa, el efecto, la velocidad y el tocino, to mezclao. A ver, señoronas de bien: si el PP tiene la alcaldía de Pucela no es por FJdlR, es FJdlR quien tiene la alcaldía gracias al PP. Quita a FJdlR y pon en su lugar una maceta o un mero de cinco kilos, que el PP seguira ganando igual.

Es lo que tiene volver subnormal a la gente.

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