lunes, 29 de septiembre de 2014

Crónica de ooootra muerte imprevista

Hoy tocaba hablar de Michael Baumann, de Horst Mahler, de Detlev K. Rohwedder y de, en definitiva, aquellos maravillosos años en los que gracias a la Segunda Fundación la gente de bien pudo seguir atendiendo sus negocios tan rikamente, mientras la chusma votaba lo que tenía que votar. En lugar de éso habrá que hacer un paréntesis para hablar del enésimo elefante viejuno que ha elegido este feliz septiembre para palmarla.

Sí, amigos: esa generación hijoputa y subnormal que construyó un país a la medida de los retrasados mentales que elección tras elección votan a quien hay que votar se agosta. Se marchita. Se m-u-e-r-e. Y lo peor es que ya ni sirve de nada ni nos proporciona satisfacción alguna a los que no nos creemos el cuento. No hay Freude. Que Boyer la palme es como cuando por fin arreglan un bache incómodo al que ya nos hemos acostumbrado y en el que no se escoña nadie. Bien está, pero... pssschh.


No soy, no somos los únicos en sentirnos así. Incluso los hagiógrafos oficiales, ésos que cobran por ensalzar a difuntos que nunca habrían debido nacer, se toman la cosa con bastante desgana. Por ejemplo en el Confi lo más destacable nos llega de parte de Carlos Sánchez, quien tras varios párrafos in crescendo en los que se adivina el esfuerzo, llega por fin sudoroso a marcarse un luchó por la democracia antes que muchos de los que hoy sacan la cabeza, pero fue la democracia la que apartó de la vida política. En una palabra, la historia de Espéin. Ya. No ta mal, pero no mata. ¡Qué diferencia con los panegíricos a la muerte de los dos putos amos!

También en el Confi Joan Tapia lo califica de economista científico. En el diario global de noticias en espanis un tal Miguel Ángel Noceda se arranca con que impulsó la modernización de la Economía y huyó de los clichés socialistas. Fijarsus que pone Economía, en  mayúsculas. Lo que no puede negársele es que la teoría socialista —buen intento lo de «clichés», pero no cuela— la evitó concienzudamente.

Como ilustración de este post, en lugar de una foto del finado con semblante grave he optado por poneros un blackmetalero cagando, que mola más y reviste algún  —remoto, liviano— interés.

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