sábado, 20 de septiembre de 2014

Crónica de varias muertes imprevistas

La retahíla de obituarios hagiográficos y reportajes sobre el sepelio de los dos prominentes muertos en serie me sume en la melancolía.

Apodérase de mí el deseo de recordar algunos momentos ¿tristes? de aquellos maravillosos años. El ascenso y la caída del socialismo real: la historia más grande jamás contada, hasta que otras historias más grandes vinieron a tomar el relevo.

10 de noviembre de 1982: Leonidas Brezhnev muere de un ataque al corazón. 75 añitos tenía. Un líder en la flor de su vida. Su legado: una Unión Soviética estancada y armada hasta los dientes habitada por alcohólicos y fumadores empedernidos.

Sólo un mes antes se ha estrenado la primera parte de Rambo, que a treinta años de distancia podemos interpretar justamente como el acto inaugural del cine de la era Reagan, uno de los períodos más memorables de la historia de Hollywood. Rambo ha matado a Brezhnev y Reagan envía a su funeral a Bush padre.

Preside la ceremonia Yuri Andropov, un chavalín de 68 años, nuevo y flamante secretario general del todopoderoso PCUS. ¡Juventud, sangre nueva, regeneración! Banda sonora: marcha fúnebre de Chopin y más cosas.



¿Acaso no es triste cuando la vida de un joven se ve truncada y todos sus  proyectos e ilusiones quedan en el aire? Sí, sí lo es. Por éso, cuando catorce meses después Andropov pasa a mejor vida, perdiéndose así el estreno de Missing in Action, a no pocos les puede la desesperación y la pena.


Banda sonora: el Vocalise de Rachmaninof y, cómo no, la ubicua marcha fúnebre. Impresionante la lectura de de la lista de invitados. ¡Son todos nombres conocidos, como cuando en Iberdrola listan sus altos directivos y no se sabe por qué nos suenan de antes! Por parte de los Yuesei repite Bush padre, que seguramente le está cogiendo gustillo a la cosa. Preside la ceremonia el nuevo y flamante secretario general del PCUS, el joven e ilusionante Konstantin Chernenko, un mozalbete de 74 años lleno de energía.

Pero las desgracias nunca vienen solas. La fatalidad, la cirrosis y un enfisema se llevan a Chernenko el 10 de marzo de 1985. Ya es mala suerte: si hubiera aguantado dos semanas más podría haber asistido al estreno mundial de Rambo II. Al otro lado del Atlántico (o del Pacífico, según se mire) otro líder enérgico casi tan joven como el finado lo flipa mientras a Bush padre le toca hacer otra vez las maletas.



Banda sonora: más Rachmaninoff, la consabida marcha fúnebre, etc. Toma la palabra el camarada Gorbachov para despedir al difunto. Lo de que también piensa liquidar el tinglao se lo calla. ¿Para qué poner todavía más triste a una pobre gente que lo está pasando tan mal? Bastante tienen con lo suyo, ¿no?

Hace falta ser muy cabrón para establecer paralelismos entre aquel luctuoso período —tres presidentes tres en menos de tres años, a cada cual más viejo y achacoso— y la semana trágica que vio morir a dos de los más eximios representantes de la marca Españaza. Hace falta ser muy morboso para meterse a fisgar en los detalles de sus respectivos funerales y empalmarse —como un duque cualquira— ante el espectáculo de la plana mayor del establishment castigándose las cervicales al paso de su dueño y señor, la infanta nosécuál conduciendo su propio vehículo y los del Río dudando entre arrancarse o estar callaos. Así que repriman ya sus pensamientos, joder, y vayan a comprarse acciones de Alí Baba.

Y bueno, este post iba a haberse titulado dime quién te llora y te diré quien eres, pero una tal Beatriz Gimeno se me adelantó.

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