domingo, 14 de septiembre de 2014

El mundo de ayer

Los prohombres del viejo mundo la espichan uno detrás de otro y con su muerte, que no ofrece ni el más magro consuelo —¿de qué sirve, a estas alturas?—, alumbran un nuevo mundo todavía más podrido, hijoputa y subnormal.

Hace tres días le tocó a Botín y hoy le ha tocado a Isidoro Álvarez, el gestor de segunda generación del imperio Areces, ese conglomerado cuya relación con la puta, puta Uned nunca ha quedado del todo clara y del que nunca habrán oído hablar mal en la prensa. A lo sumo, que últimamente no les ha ido del todo bien. ¡Quién iba a decirlo! Su modelo paternalista de empresa-estado con encargados de papada/corbata y dependientas ultramaquilladas dedicadas a sus labores parecía intemporal. ¡Y hete aquí que estos tiempos locos que todo lo trastocan dan al traste con sus beneficios! Que los reducen un poco, vamos. Menuda mierda.

Joseph Roth lleva muerto la tira de años y no puede escribir La Macarena. Alguien tendrá que asumir la labor, porque desde luego que lo que estamos viviendo merece ser objeto de una narración épica.

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