domingo, 5 de octubre de 2014

La impresión 3-D os hará libres

El diario cooperativo-pijobiológico Tageszeitung publica una descacharrante entrevista con el flipao de flipaos, Jeremy Rifkin. Hay quien dirá que en el fondo no es sino uno más en una larga lista de desgraciaos que se dedican a emponzoñar el medioambiente con la impresión de libros más bien tóxicos, a dar conferencias a pedo puta la hora y a «asesorar» a todo tipo de gobiernos e instituciones inícuas. No muy diferente a Gorbi, Al Gore o Joschka Fischer, en definitiva. Yo en cambio pienso que este elemento es más síncero y auténtico en sus creencias y que toma más y mejores drogas.

El tío habla del futuro. Del fin del capitalismo. ¿Cómo se lo imagina un lector cualquiera de MK? Pues como una mezcla de Mad Max y batalla de Mogadiscio en la que unos pocos emprendedores señores de la guerra se disputan la hegemonía sobre unos secarrales cada vez más inhabitables, ¿no? Vamos, lo normal. Lo que cualquiera se preguntaría es: ¿cuándo dejaré de ser útil para el systema? ¿Cuando nos quedaremos mi familia y yo en la puta calle, condenados a la inanición porque nadie necesite extraernos la plusvalía? ¿Valdrán para algo —¡ ¡ ¡ jua jua JUAAA ! ! !— mis cotizaciones a la seguridad social de todos estos años?

La respuesta de Rifkin a estos interrogantes es:

Las fábricas están cada vez más automatizadas. Y la inteligencia artificial sustituye a los trabajadores de cuello blanco, abogados, ingenieros y diseñadores incluídos. La tercera revolución industrial, que hace posible la internet de las cosas, va a acabar con el trabajo asalariado. En dos generaciones habremos llevado a cabo la reestructuración de nuestras redes logísticas, de comunicaciones y de energía. Para ese entonces todos los hogares serán productores de energía, conectados a una red eléctrica inteligente; las carreteras constituirán una red de rutas de transporte regida por algoritmos. En esas condiciones apenas será necesario el factor trabajo.

Eso significa que nos quedaremos todos sin trabajo
  
Hay una economía que va por delante del capitalismo: la economía social. Las personas comparten su kapital social y prestan una gama de servicios que no ofrecen ni el mercado ni el estado: hospitales non-profit, cultura, deporte. Sin esta economía social cualquier sociedad se colapsaría. Y es demostrable que este sector crece sustancialmente más rápido que éso que llamamos PIB. En los Yuesei ya supone un 10% de todos los puestos de trabajo. 

Vamos, vamos, dejen de preguntarse que qué hay de lo mío. ¡Son miembros de pleno derecho, desde ya, de una economía global e interconectada en la que su kapital social se traduce, no se sabe muy bien cómo, en plata para pagar el alquiler y llenar la cesta de la compra en el Merkadona! ¡Enhorabuena!

Pero... pero... si cada vez se gana menos... cada vez hay menos empleo y el viejo truco de poner un bar o una tienda de morralla preferiblemente importada de China ya no funciona...

Desde luego hay que ver cómo son. ¿En serio creen que sus insignificantes preocupaciones personales pueden tener cabida en, no digamos ya invalidar, las tesis de los grandes investigadores y exxxpertos en ciencias sociales?

Precisamente en este ámbito intenta penetrar el sector privado para privatizarlo todo: agua, sanidad, educación. Es el capitalismo quien se apropia de los bienes comunes y no al revés.
  
Éso deja abierto un espacio para empresarios de senbilidad social, que ya no están motivados por la búsqueda de beneficios: antes creíamos firmemente en las ideas de Adam Smith, que nos enseñó que la sociedad se desarrolla positivamente cuando todos actúan empujados por el egoísmo. La generación del nuevo milenio es diferente, sobre todo desea aportar algo a la comunidad creativa e incrementar su kapital social. En todo el planeta hay 1500 millones de personas que trabajan en cooperativas. El segundo banco de Francia está formado por cooperativas. En Kabezonia las energías renovables están en manos de cooperativas. Estas cooperativas comparten sus recursos y sus ganancias. Y dentro de poco habrá una impresora 3-D en cada escuela.

Pero entonces... ¿cómo se come el kapital social ese? 

Y dale. Pero mira que son ustedes obtusos. ¡Con lo que tienen que quedarse es con que habrá impresoras 3-D por tos laos, joder!

¿Y con ellas será posible imprimir cualquier cosa?
 
Muy pronto, sí. Hace poco que se ha impreso el primer coche en el International Manufactoring Show de Chicago, sólo componentes mecánicos como el motor o la batería ha habido que seguir incorporándolos. Y el coche tenía un aspecto realmente estupendo. En China hace poco que han imprimido 10 casas en 24 horas.

¡El ansiado retorno de los platten dará al traste con uno de los últimos vestigios del proletariado de los países occidentales! Los orgullosos obreros quedarán reducidos a meros montadores de piezas prefabricadas, si hemos de creer a este buen hombre. Este feliz nuevo mundo que de momento sólo existe en su mente recibe el nombre de sociedad de coste marginal cero. ¿Por qué?

Existe una profunda contradicción en las entrañas mismas del capitalismo: todos los actores del merkado pugnan constantemente por reducir sus costes marginales, es decir, el precio que hay que pagar por la producción de una unidad extra de un producto dado. Por éso buscamos continuamente tecnologías que aumenten la productividad. Con ello nuestros productos y servicios se vuelven más baratos y los inversores obtienen más beneficios. Pero nadie había previsto una tecnología que redujera los costes marginales a prácticamente cero. Siempre es posible vender un libro electrónico más sin apenas coste. Así es como la mano invisible del merkado obtiene su triunfo definitivo. La productividad ha alcanzado su punto más alto. Como consecuencia, sin embargo, ya no es posible hacerse con una ventaja competitiva. El flujo de beneficios, que es la salvia del capitalismo, se seca. El merkado deja de funcionar.

¡Un concepto radikalmente nuevo! La verdad es que nunca nadie había hablado antes de la reproducción gratis total de los bienes inmateriales en formato electrónico. Uf. Mas, ¿qué factores son determinantes en la consecución de este estado de gracia?

Dice usted que para que su sociedad de coste de marginal cero sea posible la información debe estar al libre alcance de todos. ¿No supone ésto una utopía amenazada por la tendencia de actores predominantes en internet a convertirse en monopolios? 
  
Éso es cierto. Las viejas potencias quieren imponerse a las nuevas. Los operadores de telecomunicaciones, los gigantes de internet, las empresas de energía... todos quieren hacerse con los canales de transmisión, tanto con los de información como con los de verdad, con el hardware. De ahí podría surgir una batalla de larga duración. Y resolver los problemas de privacidad, de neutralidad de la red y de ciberterrorismo será una lucha reñida. Al final deberíamos todos poder acceder libremente a la red para poner en valor los datos que contiene. Acceso libre y gratuito, para mí y para todos. Así cada cual podría producir su propia energía y sacar al merkado sus propios productos hechos por impresión 3-D. Sin costes marginales.

Exacto. Los lectores de MK son unos muertos de hambre y unos desgraciaos porque no tienen libre acceso a la información de la red ni tampoco una impresora 3-D con la que competir con una humanidad cuyos miembros, todos y cada uno de ellos, también la tendrían en la utópica visión de Rifkin. Por no tener seguramente no tienen ni una triste impresora de las de a 30€ el cartucho de tinta con la que imprimir fotos de celebrities en bolas para venderlas por unos centimillos en los semáforos de acceso a las grandes ciudades y así expandir su gama de productos —¡no sólo de kleenex vive el hombre! Tanto da: aunque la tuvieran los costes marginales serían de la ostia. Y seguirían siendo esclavos de Iberdrola, incapaces de producir su propia energía. ¡Oh mundo cruel!

Para aprender más sobre la dichosa sociedad de coste marginal cero pueden leer aquí el primer capítulo del libro que el bueno de Rifkin ha escrito sobre el tema. El resto de capítulos no tienen coste marginal cero, habrán de distraer 28 euracos de su kapital social, la mitad si se resignan a comprar un e-book de coste marginal cero para el editor pero que ustedes no podrán leer más que en el dispositivo de su elección. Se sienteeee.

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