viernes, 3 de octubre de 2014

Nunca sabrás en quién confiar (I)

En la nota #3 del capítulo El factor ciudadano y sus riesgos Poch-de-Feliu dice, entre otras cosas, que véase la entrevista de Baumann en YouTube. Hay varias, pero a todas luces se refiere a ésta:


Corrían los años 60 y Bommi Baumann era un joven in-kon-for-mis-ta amigo de montarse agrupaciones y kolektíbols superkanyeros. Suprakanyís, de hecho: antes de que la RAF hiciera verter ríos de tinta y lágrimas ya estaban allí los rebeldes del hachís y el movimiento del 2 de junio.

Bauman no sólo era un entusiasta revolucionario de origen verdaderamente proletario —a diferencia de la inmensa mayoría de jóvenes que en aquella época participaron en las revueltas o incluso tomaron la alternativa, predominantemente estudiantes—, también se metía de to lo más chungo. Sí, amigos: la vieja escuela que propugna que no hay revolución sin drogas ya existía en aquellos años. En una entrevista aparecida en el semanario oficialista alemán admite haber estado drogándose a lo largo de un cuarto de siglo. A juzgar por el vídeo de YouTube no ha tenido que pagar por ello un precio demasiado alto; de vez en cuando masculla con un ramalazo yonki y no le entiende ni la madre que lo parió, pero ahí queda todo.

Sus escarceos con la lucha armada, por ellos sí que tuvo que pagar. Con años de cárcel y cabe suponer que con las preceptivas palizas y torturas en dependencias policiales e incluso en una prisión de ese paraíso social —pueden presumir una pizca de ironía en esta expresión, pero no mucha— conocido como RDA. La lucidez que pese a su toxicomanía no había perdido debió de agudizársele con aquellas experiencias.

Lucidez que casi desde el principio había estado allí y le había permitido, por ejemplo, darse cuenta de que Horst Mahler y Andreas Baader eran unos chungos de cuidado y de que por tanto pasaba de meterse en follones con ellos, pero no le había alcanzado para ver que había algo raro en aquel tipo, ese Peter Urbach que tan generosamente proveía de armas y explosivos a todo aquel que se lo pidiera, incluido él mismo

En el vídeo Bommi cuenta que un tal Kommisar Kurt le refirió cómo un buen día Peter Urbach se plantó en la temible Verfassungsschutz a pedir que le comprobaran si funcionaban las bombas que traía. La VfS estaba más o menos al corriente de sus actividades, pero no tenían el control. No era el estado alemán sino que había una estructura paralela de elementos que actuaban de manera autónoma. Por éso no se explica cómo en las mismas conversaciones que conducen a la fundación de la RAF, en las que el autoritario Mahler deja bien clara su intención de formar un grupo de cuadros sometidos a una rigurosa disciplina, se accede a darle cancha a Urbach en la nueva y flamante organización.

¿Cómo es posible, se pregunta, que teniendo las autoridades un completo conocimiento de quién era quién y dónde se encontraba en qué momento, pudiera salir adelante un grupo como la RAF? Bommi nos pone el ejemplo de una reunión celebrada en el 72 en la que, por primera vez, participaron todos los miembros en activo —entre 20 y 30— de la organización. Una vez los presentes están en la casa Astrid Proll baja con alguien más —Bommi no lo dice— a cambiar el coche de sitio o tal vez a coger algo del maletero —se nota que habla de oidas y no tiene claros todos los detalles o no los recuerda— y en la puerta se encuentra con el agente de la VfS Michael Grünhagen, acompañado de dos policías. Hay un tiroteo y Proll es arrestada. No se procede a detener al resto de miembros que están en la casa, aunque según Bommi las autoridades saben de buena tinta lo que está sucediendo en ese momento.

No es fácil encontrar información sobre ese importante encuentro. Con un par de búsquedas se da uno cuenta de que Bommi recuerda mal y que la reunión hubo de tener lugar necesariamente en 1971, que es cuando Astrid Proll fue arrestada, y no en 1972. La entrada sobre Proll de la versión inglesa de la wikipedia, que a diferencia de la alemana sí que da detalles sobre las circunstancias de su primer arresto, fija la fecha el 6 de mayo de 1971, y el lugar en Hamburgo. Sin embargo no habla de ninguna casa ni de ningún encuentro. Menciona que fue acusada de intento de asesinato pero que no llegó a efectuar ningún disparo. Este es un detalle importante: la prueba de cargo fue que el agente Michael Grünhagen afirmara que había disparado contra él, pero se tomaron precauciones para que los otros dos agentes que tomaron parte en la acción que hubieran podido contradecirle no declararan en el juicio.

La oposición extraparlamentaria, con sus ansias de convertirse en una fuerza relevante con capacidad de transformar la sociedad, nos cuenta Baumann, pierde toda posibilidad de ganarse la solidaridad de la población cuando se la vincula a acciones como la de la RAF que permiten su criminalización. Y luego cita una conversación telefónica entre el ex Kommune-I y director de cine Rainer Langhans y Urbach, en la que éste le dice Rainer, ¡si tú supieras! Suena como información confidencial, pero en realidad es una anécdota bien conocida.


Todo responde a una estrategia de incriminación que funciona de manera lenta, pero segura. El paralelismo con la estrategia de tensión desplegada en Italia está claro: permitir que pasen cosas para propiciar un clamor por un estado fuerte que ponga fin a la alteración del orden. La histeria, el enrarecimiento del clime social permiten al estado no sólo actuar de manera que contravenga sus propias leyes, sino que le facilitan promulgar otras nuevas que imposibiliten reflexionar públicamente y en libertad sobre los acontecimientos. ¿Estaré incumpliendo tal o cuál párrafo de la ley al decir ésto o aquéllo? Censura no sólo autoimpuesta que queda magistralmente reflejada en Deutschland im Herbst, desde la conversación telefónica en la que Fassbinder intenta impedir que se publiquen parte de sus propias declaraciones hasta el consejo que debe decidir cómo debe ser el Distanzierungstext —espanis especialidad durante muchos años al tratar ya se imaginan qué tema— sin el cuál no es posible representar el mito de Antígona en la televisión, pues la estampa de Creonte prohibiéndole enterrar a su hermano Polinices podría dar lugar, tras las protestas contra el sepelio de Baader-Ennslin-Raspe en el cementerio de Stuttgart, a acusaciones de empatía con los terroristas.

Y todo ésto, ¿para qué? Pues para acabar con el último arranque de lucidez, cualitativamente distinto al que Horst Mahler se marca en DiH —motivo de un próximo post— pero igualmente memorable: no hemos sido más que marionetas en una gran estrategia, y de nuestras acciones han sacado provecho personas totalmente ajenas. Podemos analizar desde el punto de vista del marxismo dogmático qué es lo que ha pasado aquí, si la historia avanza o va hacia atrás, pero lo cierto es que, de una manera estúpida e inconsciente, hemos estado al servicio de dos señores.

Lo que inmediatamente le viene a uno a la cabeza es que probablemente todo ésto es cierto pero, de ser así, ¿por qué es posible encontrarlo en YouTube? ¿Por qué la web está llena de artículos sobre la red Gladio y las operaciones stay-behind? ¿Por qué editoriales no precisamente underground no tienen problema en publicar libros sobre el tema? ¿No sería más lógico que el PODER utilizara los no precisamente escasos medios a su alcance para impedir la difusión de información inquietante sobre el funcionamiento de sus cloacas? ¿O tal vez permiten a propósito que se filtre en pequeñas diócesis, en parte para poder desecharla públicamente, llegado el caso, como producto de una conspiranoia, en parte por vanidad, como aquellos narcotraficantes que gustan de ver plasmadas sus hazañas en marchosos narcocorridos? Y, lo que es más importante, ¿qué piensa Daniel Estulín de todo ésto?

Yo me quedo con una escena de Sneakers —peli del 92 que en su día pasó sin pena ni gloria y cuya tesis fundamental ha resistido el paso del tiempo mejor de lo que a cualquiera le gustaría— en la que Gregor, contacto en la embajada rusa del prota interpretado por Redford, le espeta a éste antes de llevarse un par de tiros cortesía de la NSA que nunca sabrás en quién confiar.

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