viernes, 3 de octubre de 2014

Verde agua: de Fiume a Trieste

Es el #2 de la colección Paisajes Narrados de minúscula y lo llevo viendo rular por ahí desde el principio de los tiempos, en todas las librerías y en todas las bibliotecas de todas las ciudades por las que he pasado. Verde agua. De una autora italiana, Marisa Madieri. Diario, recuerdos de juventud. En definitiva: demasiado poco atractivo para un cabroncete como yo que sólo busca el morbazo de Kabezonia, de Zentropa y de los países esos del Este. ¿Cómo iba a competir algo así con kañonazos como las Crónicas berlinesas de Roth, Gente de las pusztas de Illyés o De calles y noches de Praga, del reportero comunista Egon Erwin Kisch?

Difícilmente. Mas, llevado por el saludable espíritu you gotta catch'em all y enticiado tras leer en la portada que el hilo conductor de la narración es el éxodo de los italianos de Fiume, me decidí a sacarlo.

¡Fiume! La ciudad que formó parte del imperio austrohúngaro y que aún a día de hoy da nombre a una de las calles más bellas —según lo que uno entienda por bello, claro— de Budapest y a su más memorable cementerio. La ciudad que fue un juguete roto en manos del flipao d'Annunzio. La ciudad que cambió de manos seis veces a lo largo de un siglo. Ésto lo cambia todo, claro.

¡Y con posfacio de Claudio Magris, wow! Sí, el que se currara la introducción al pepinako de Anagrama con tres obras de von Rezzori. Ésto promete.

Mmm. ¿Y ésta dedicatoria? A Claudio. Debe de tratarse de algún pariente suyo, no tendría demasiado sentido que se lo dedicara al tío que escribe el posfacio no se sabe cuándo, ¿no?

Mmm joder. ¿Qué pensar de párrafos como éstos?

La decoración era sobrecargada, pero a mis ojos nada era más fascinante que el trofeo de fruta de vidrio de colores que adornaba el centro de la gran mesa. La escasa luz que lograba filtrarse por las ventanas parecía concentrarse en las transparencias elusivas, en las reverberaciones, ora sanguíneas ora lánguidas, de los rojos oscuros, de los violetas, de los carmesías y de los azules de aquellas formas. Las manzanas, las ciruelas, las peras y los rebosantes raciomos de uvas me sugerían lejanas y fabulosas opulencias. Aquella habitación será siempre una tierra mítica e inexplorada, la Atlántida de mi infancia.

Su amor total y definitivo [el de su madre] por mí y por mi hermana es lo más puro y lo más incorruptible que la vida me ha dado.

Pero... pero... ésto es... ¿una puta mierda? Oh, qué pone aquí, a ver...

Pero no siento tristeza, sólo gratitud. Si he regresado a Ítaca, si en los largos silencios de mi vida han resonado por un instante las notas del vals que los planetas y las estrellas, tan relucientes esta noche, danzan en la odisea de los espacios, siento que debo dar las gracias a una multitud de personas, incluso a las que he olvidado, que al quererme o simplemente estar a mi lado, con su presencia fraternal no sólo me han ayudado a vivir sino que son, quizá, mi vida misma.

¡Aaaaarrgh! ¡Cagondios joder ostia ya! ¿Pero de qué web de imágenes con texto mongólico para compartir en facebook han sacado esta basura? ¡Si esta mujer murió mucho antes de que Zuckerberg consiguiera vengarse del mundo!

En ese momento entiendo por qué tengo entre mis manos la quinta edición, por qué en la web de minúscula se anuncia que ya van por la octava en Paisajes Narrados y por qué se han visto obligados a reeditarlo en una colección específica para ventas totxas. Está claro que con algo como ésto a todas las cabezas huecas sensibleras que van bujkando er sentimiento hauténtico se les mojarán las bragas sí o sí. Y venga ventas, y venga reveneues. Y con lo obtenido cubrirán hasta cierto punto las pérdidas de ediciones que sí valen la pena. Y un servidor se alegrará.

¡Pero no se vayan, que hay más! Resulta que en la página 40 nos revela que, como buena hristiana, está involucrada en el Centro de Ayuda a la Vida de Trieste:

La desenvoltura, la capciosidad, la superficialidad, con frecuencia bienintencionada, de tantas personas, incluso de las que quiero, sobre el problema del aborto me habían dolido profundamente, y aun más mi pobreza de medios e ineptitud para hacer comprensibles las razones de la justicia. Habría querido tener la honda de David y el escudo de Aquiles para defender al último, al olvidado, al pisoteado. Lloré y recé. Es en Claudio en quién encontré la voz y la fuerza que no tenía para defender nuestros difíciles valores.

¡Jostia puta! Menuda pájara. Aunque, para ser justos, hay que reconocer que, aparte de cerrar filas detrás de Munilla&cía., a la tal Marisa no se le caen los anillos si hace falta cuidar varios días a la semana del nene de la madre soltera de turno para que ésta pueda trabajar.


Y otra vez ese Claudio. Debe ser uno que se la folla (en terminología preglobal: su marido)... ¡oh no! ¡Es el mismísimo Claudio Magris!

Aun así no todo es bazofia. Vale la pena leer sus recuerdos sobre la entrada de las tropas de d'Annunzio en la ciudad, su paso a manos italianas y su anexión a Croacia tras la segunda guerra mundial, evento que desata el éxodo istrio en el que ella y su familia toman parte. Y también, por supuesto, el propio éxodo. No pocos de los refugiados en Trieste acabaron en un enorme silo junto al muelle. El destino que le esperaba a semejante edificio histórico en la Era Global era más que previsible.

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